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Generalidades
Los anticuerpos antifosfolipídicos (AAF) son un grupo
heterogéneo de autoanticuerpos que se unen a
fosfolípidos (p.ej. cardiolipina) o a proteínas
plasmáticas que tienen afinidad por superficies
fosfolipídicas (p.ej. beta-2-glucoproteína I,
protrombina, anexina). Los fosfolípidos están
involucrados en la cascada de la coagulación sanguínea.
La aparición de manifestaciones clínicas,
fundamentalmente trombosis vasculares y abortos
recurrentes, relacionadas directamente con la presencia
de AAF define el síndrome antifosfolipídico (SAF) o
síndrome de Hughes (en honor al reumatólogo inglés que
lo describió en 1983).
 En
la mitad de los casos, el paciente con SAF no tiene
evidencia de ninguna otra enfermedad autoinmune (SAF
primario –SAFP-), mientras que en la otra mitad el SAF
ocurre en asociación con otros trastornos autoinmunes,
principalmente lupus eritematoso sistémico (LES) –el
30-50% de sujetos con LES tienen AAF- pero también
artritis reumatoide, esclerodermia o enfermedad de
Behçet (SAF secundario). Tanto en un caso como en otro,
el autoantígeno contra el que van dirigidos los AAF
suele ser la beta-2-glucoproteína I y no los
fosfolípidos per se (AAF cofactor-dependientes).
No obstante, los AAF pueden acompañar a multitud de
otros procesos, como infecciones (virus de la
inmunodeficiencia humana, hepatitis C, citomegalovirus),
trastornos linfoproliferativos, uso de fármacos (clorpromazina,
fenitoína, hidralacina, procainamida, tiazidas, anti-TNFα)
o hemodiálisis, circunstancias en las que suele tratarse
de anticuerpos IgM presentes en bajas concentraciones,
dirigidos contra verdaderas estructuras fosfolipídicas (AAF
cofactor-independientes) y que no se asocian con eventos
trombóticos. También se han descrito AAF en el 5-10% de
los donantes de sangre, aunque este porcentaje se reduce
a menos del 2% si consideramos sólo a los sujetos con
títulos persistentemente positivos.
En un
estudio retrospectivo reciente de 128 pacientes con SAFP
se observó que sólo el 14% desarrollaron un LES o una
enfermedad similar al lupus después de un periodo de
seguimiento medio de 8 años.
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