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Discusión del
caso clínico
Dra. Victoria Ferretti
Se discute el caso de un paciente varón, de 53 años que,
como antecedente de relevancia, es ex tabaquista; que
ingresa al Hospital con síntomas y signos sugestivos de
síndrome de la vena cava superior, que requirió la
colocación en forma paliativa de un stent metálico auto-expandible.
Como complicación, durante el procedimiento presentó una
migración del stent hacia la aurícula derecha y en forma
asociada un hemopericardio, que requirió
pericardiocentesis y drenaje. Y debido a la internación
prolongada, desarrolló un síndrome febril, asociado a
una infección de partes blandas en relación a una escara
por decúbito.
Voy a tomar como dato guía de mi discusión, la presencia
del síndrome de la vena cava superior, realizando una
revisión acerca de cuáles podrían ser las posibles
causas del mismo en nuestro paciente; y luego, teniendo
en cuenta las complicaciones presentadas, plantear la
terapéutica más apropiada.
El síndrome de la vena cava superior se produce cuando
existe una oclusión a nivel de este vaso, que dificulta
el drenaje venoso proveniente de cabeza y cuello, parte
superior del tórax y miembros superiores hacia las
cavidades derechas del corazón. Esta oclusión puede
producirse debido a una invasión de la pared del vaso, o
por una obstrucción extrínseca de la misma, secundaria a
procesos patológicos de las estructuras adyacentes, como
ser pulmón, ganglios, y menos frecuentemente de aorta,
tiroides o pericardio. Puede ser producido por causas
malignas, que por lejos son las más frecuentes (95%), y
por causas benignas (5%). Dentro de las malignas voy a
hacer referencia al carcinoma broncogénico, linfoma y
una mención de las metástasis más frecuentemente
involucradas en este síndrome. Me resulta importante
destacar que para algunos autores, el síndrome de la
vena cava superior constituye una emergencia oncológica.
Como sabemos, los tumores malignos presentan crecimiento
rápido. En el caso de un tumor maligno que obstruyera la
vena cava superior, al crecer rápidamente impediría el
correcto desarrollo de circulación colateral, de manera
tal que cuando la obstrucción llegase a ser mayor al
90%, el inicio de la sintomatología sería súbito.
Dentro de los síntomas, los más frecuentes y
característicos son la disnea, o sensación de ahogo; el
edema facial, cervical, de parte superior de tronco y de
miembros superiores, también conocido como edema en
esclavina; puede observarse en ocasiones la presencia de
circulación colateral a través de la piel de la cara
anterior del tórax, como presentaba nuestro paciente.
Ingurgitación yugular, tos, cianosis o rubicundez,
congestión nasal, disfonía, disfagia, estridor, cefalea,
rinorrea, ya más infrecuentes.
El carcinoma broncogénico es un tumor que se haya
en estrecha relación con el tabaquismo, que es un
antecedente de nuestro paciente. El síndrome se
desarrollará en el 2 – 4% de los enfermos con carcinoma
broncogénico. La variedad más frecuentemente involucrada
es el carcinoma de células pequeñas; y esto se debe a la
localización que adquiere a nivel pulmonar, afectando
preferentemente la parte medial, en relación a los
grandes vasos, y en este caso a la vena cava superior.
El compromiso de la vena cava se da la mayor parte de
las veces por compresión extrínseca de los ganglios con
metástasis del tumor; y en menor frecuencia por
compresión del propio tumor o por invasión directa del
vaso, que es la variedad de peor pronóstico.
Para arribar al diagnóstico de carcinoma broncogénico es
necesaria la histología, de manera tal que debemos
recurrir a la toma de biopsia, que puede ser de un
ganglio periférico accesible, que no es el caso de
nuestro paciente; transbronquial o mediante
mediastinoscopía. En algunos casos puede recurrirse a
biopsia de médula ósea.
Está descripto el alivio de la sintomatología luego de
la utilización de medidas paliativas, como la
colocación de un stent, la radio o la quimioterapia.
Un dato interesante es la asociación que hallaron
algunos autores entre el síndrome de la vena cava
superior en un paciente con carcinoma broncogénico y la
presencia de metástasis cerebrales. La explicación
fisiopatológica para dicha relación se fundamentaría en
que al haber obstrucción al drenaje venoso desde cabeza
y cuello, se generaría estasis venoso a dicho nivel, con
la consecuente rémora sanguínea y fenómenos
microtrombóticos, que predispondrían al desarrollo de
metástasis cerebrales. De esta manera, para algunos
autores, la presencia de síndrome de la vena cava
superior en un paciente con carcinoma broncogénico
constituiría un factor de riesgo de metástasis
cerebrales.
Entonces, considero que a favor para pensar en carcinoma
broncogénico en nuestro paciente tenemos: el
antecedente de tabaquismo, la evolución aguda de la
sintomatología, la imagen descripta en la RMI y la
epidemiología, ya que como dijimos, es la causa más
frecuente dentro de las malignas, de síndrome de la vena
cava superior. En contra para esta entidad considero que
nuestro paciente no presenta otra sintomatología de
carcinoma broncogénico, que no pueda explicarse por la
obstrucción de la cava. De todos modos, considero que el
carcinoma broncogénico es un diagnóstico probable.
Otra entidad a considerar es el linfoma. Como
sabemos, existen dos variedades, el Linfoma Hodgkin y el
no Hodgkin. Las dos entidades afectan el mediastino,
mediante la formación de una masa en mediastino anterior
de crecimiento rápido. La entidad que afecta el
mediastino con más frecuencia es el linfoma de Hodgkin,
pero la entidad que se relaciona más frecuentemente con
síndrome de la vena cava superior es el linfoma no
Hodgkin. La afección de la vena cava se produciría por
compresión extrínseca de las adenopatías mediastinales.
De los pacientes con linfoma no Hodgkin, el 2 – 4%
presentarán este síndrome. La variedad más
frecuentemente involucrada es el linfoma difuso de
células B grandes. En cuanto a la incidencia, tiene
dos picos, siempre más frecuente en hombres, entre los
30 y 40 años, y a los 65 años.
A favor para linfoma (no Hodgkin) tenemos la evolución
de la enfermedad, la masa evidenciada en TC y RMI, y el
sexo y la edad; y en contra tenemos la ausencia de
compromiso de otros órganos. Sin embargo, considero que
el diagnóstico de linfoma en nuestro paciente, es un
diagnóstico probable.
Una mención a las metástasis, a saber que las que
más frecuentemente afectan el mediastino con compromiso
de la vena cava superior son: el carcinoma broncogénico,
el cáncer de testículo, el de riñón, y cabe mencionar
que el de mama es el más frecuentemente reportado,
siendo alejado en nuestro paciente debido al sexo
masculino.
Y pasando a las causas benignas, tenemos a la más
frecuente dentro de éstas, que es la mediastinitis
crónica, también llamada mediastinitis crónica
fibrosa. La misma es una inflamación del mediastino,
que puede afectar sólo los ganglios, hasta la afección
mediastinal difusa, llamada mediastinitis fibrosante. Se
desarrolla generalmente en forma secundaria a una
infección granulomatosa sistémica, como la tuberculosis
o la histoplasmosis; y más raramente secundaria a
actinomicosis, aspergilosis, silicosis, sarcoidosis, y a
la radiación mediastinal.
Cuando existe solamente afección de los ganglios
mediastínicos, los pacientes suelen presentarse en forma
asintomática, siendo la incidencia de síndrome de la
vena cava del 5 al 10%. En cambio, la mediastinitis
fibrosante se caracteriza por comprimir las estructuras
adyacentes, pudiendo provocar con mayor frecuencia
síndrome de la vena cava superior, obstrucción
traqueobronquial, parálisis de los frénicos o de los
recurrentes, u obstrucción de los vasos pulmonares.
Para algunos autores, la inflamación granulomatosa
ganglionar sería secundaria, como dijimos, a una
infección granulomatosa sistémica, y podría con el
tiempo evolucionar a mediastinitis fibrosante, una vez
que el caseum es volcado al mediastino. Sin embargo,
para otros autores, estas entidades corresponderían a
dos procesos independientes. De esta forma, la
inflamación granulomatosa ganglionar seguiría la misma
fisiopatología descripta; formando masas calcificadas en
mediastino a nivel paratraqueal o subcarinal; mientras
que la mediastinitis fibrosante se generaría en
individuos genéticamente predispuestos a desarrollar
tejido fibroso en forma exagerada, cuya etiología podría
presumirse autoinmune, y que se encontraría relacionada
con la fibrosis retroperitoneal. En esta entidad
existiría infiltración difusa, no calcificada, de
múltiples compartimientos mediastinales.
La mediastinitis fibrosante suele afectar con frecuencia
el mediastino medio, y el curso de la sintomatología
sería lento, en meses o años.
Para arribar al diagnóstico de esta entidad no es
necesario el diagnóstico histológico, si es que contamos
con un paciente con foco epidemiológico correspondiente
a enfermedad granulomatosa, con clínica compatible con
dicha enfermedad, y con una imagen en TC o RMI
compatible. Pero en el caso, como el de nuestro
paciente, que no contemos con el foco epidemiológico ni
con la clínica, o que tengamos una imagen dudosa, nos
veríamos obligados a plantear la biopsia como método
diagnóstico indiscutido, con el objetivo de descartar la
presencia de carcinoma o linfoma, que como dijimos, son
las causas más frecuentes de síndrome de la vena cava.
Considero que a favor para mediastinitis fibrosante
tenemos la imagen dudosa en TC y RMI; pero en contra
tenemos el tiempo de evolución de la sintomatología, que
hablaría a favor de un proceso maligno; la ausencia de
foco epidemiológico y de clínica compatible. Por este
motivo, considero que el diagnóstico de mediastinitis
fibrosante no deja de ser tentador, pero en nuestro
paciente parecería un diagnóstico alejado.
Por lo tanto, suponiendo y considerando en nuestro
paciente una causa benigna de síndrome de la vena cava
superior, existen técnicas mini-invasivas para arribar
al diagnóstico, como ser:
-
Biopsia de un ganglio accesible, que no puede
realizarse debido a que nuestro paciente no presenta
ningún ganglio palpable al examen físico
-
Citología de esputo, que debido a la falta de
expectoración en nuestro paciente, pudo tomarse una
muestra de aspirado traqueal, cuya citología fue
negativa para células neoplásicas
-
Biopsia de médula ósea, en casos seleccionados
En cuanto al manejo de un paciente con síndrome de la
vena cava superior, el mismo dependerá de la causa, ya
sea benigna o maligna; pero siempre debe priorizarse la
severidad de la sintomatología, que determinará la
realización de técnicas paliativas. Entre ellas, la más
utilizada en la actualidad es la colocación de stent
metálicos auto-expandibles, que ha sustituido a la
realización de by-pass. Es conocido también el uso de la
radio y quimioterapia, en los casos en los que se conoce
la causa del síndrome. La anticoagulación, en el caso de
sospecharse trombosis de la vena cava, que vale decir
que se ha visto un aumento de esta entidad en la
actualidad, debido al uso cada vez más frecuente de
catéteres venosos centrales, marcapasos, catéteres de
diálisis, etc. En estos casos, sería controvertido el
uso o no de trombolíticos. Y es discutido el uso de
corticoides, los cuales han mostrado beneficio en
algunos reportes de pacientes con mediastinitis
fibrosante o linfoma.
La colocación de stent metálicos auto-expandibles
constituye un procedimiento rápido, mini-invasivo, de
bajo riesgo y baja morbi-mortalidad, que provee alivio
de la sintomatología en menos de 48 horas, como fue el
caso de nuestro paciente. Sus indicaciones precisas son:
sintomatología severa, progresión rápida de los
síntomas, falta de respuesta a radio o quimioterapia u
obstrucción de causa benigna. Un dato importante a favor
de la realización de este método paliativo, es la no
interferencia en el posterior diagnóstico histológico de
la causa de la obstrucción; que sí se vería modificado
con el uso de radio o quimioterapia.
A pesar de que las complicaciones son raras, existen y
de hecho ha ocurrido una de ellas en nuestro paciente.
Las más frecuentes son la trombosis, la re-estenosis, la
migración, ya sea a aurícula derecha o a arteria
pulmonar. Y más raramente, la infección, que su rareza
se debe a que luego de 4 a 8 semanas de colocado el
stent, el mismo se epitelizaría y dejaría de actuar como
un dispositivo endo-vascular con probabilidad de
infecciones. Sin embargo, no debemos olvidar que el
stent ubicado en aurícula derecha no estaría en
condiciones de epitelizarse; por lo cual sería factor de
riesgo a infecciones del mismo. Otras complicaciones aún
más raras son el edema pulmonar; y de menor jerarquía la
elevación de un hemidiafragma y dolor retroesternal de
tipo pleurítico.
Como conclusión, considero que estamos ante un paciente
con síndrome de la vena cava superior, cuya etiología es
maligna, pudiendo corresponder a carcinoma broncogénico
o a linfoma. En cuanto al stent en aurícula derecha, el
mismo ejercería un efecto embolígeno, y como dijimos más
arriba, debido a la imposibilidad de epitelización,
actuaría como dispositivo endovascular, con el
consiguiente riesgo de infecciones.
Por estos motivos, considero que tal vez la conducta más
adecuada sea la realización de una toracotomía, con
biopsia por congelación de la masa mediastinal; y quizás
en el mismo acto quirúrgico la extracción del stent de
la aurícula derecha.
Planteo como interrogante la realización o no de una
mediastinoscopia, que para algunos autores estaría
contraindicada debido a la abundante circulación
colateral, pero debido a que tenemos evidencia de
disminución de la misma, podría postularse como una
buena metodología diagnóstica.
Otra modalidad podría ser la toma de biopsia de la masa,
guiada bajo TC.
Y considero indiscutida la antiagregación en forma
indefinida.
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Comentario
Dr.
Emilio Pastor
Jefe de
residentes
Luego de la discusión a cargo de la Dra. María Victoria
Ferretti como de costumbre se escucharon las opiniones
de los presentes. Haré una breve reseña:
Dos fueron los problemas que más se debatieron: en
primer lugar el problema diagnóstico que hasta el
momento no está resuelto y el segundo la conducta
terapéutica más apropiada a seguir con el paciente.
El cuanto al problema diagnóstico la
mayoría coincidió en que lo más probable por frecuencia
es que la causa del síndrome de la VCS sea una masa
tumoral posiblemente un carcinoma broncopulmonar y en
segundo término un linfoma. Sin embargo, hay algunos
datos en contra de este diagnóstico que se pusieron en
la balanza: por ejemplo el hecho de que el paciente no
haya presentado un síndrome de impregnación previo, la
localización alta de la tumoración, y la imagenología
que muestra un defecto de relleno bien definido bastante
extendido en la longitud del vaso. A esto se le agrega
un dato no considerado en la discusión que es la
presencia de una lesión en el vértice pulmonar derecho
de tipo cicatrizal que podría obedecer a un proceso
infeccioso previo que en un huésped predispuesto
genéticamente podría derivar en una mediastinitis
fibrosante focal. En mi visión este diagnóstico no es
tan poco probable aunque también es cierto que por
frecuencia, el enfoque clínico obliga a dejarlo en
segundo lugar.
En cuanto a la conducta a seguir varias
fueron las posturas: se planteó realizar esternotomía,
biopsiar la lesión y retirar el stent retenido dentro de
la aurícula, cirugía que requiere circulación
extracorpórea, con el argumento de que el stent
posiblemente esté funcionando como un foco endovascular
de infecciones y por las complicaciones mecánicas que el
hecho de permanecer en la aurícula derecha pueden
provocar (ej, tromboembolismo pulmonar). Los que
estuvieron en contra de esta postura sostuvieron que no
existen trabajos sobre las complicaciones del stent
ubicado en la aurícula derecha que comparen el
pronóstico de dejar el stent versus retirarlo, el hecho
de que el cuadro febril se explica por otra razón (el
paciente luego del debridamiento quirúrgico de la úlcera
por decúbito grado IV) sufrió un cuadro de hipotensión y
fiebre que requirió UTI y que actualmente con los
antibióticos el paciente está sin fiebre y,
fundamentalmente el hecho de que no hay diagnóstico: si
el diagnóstico es un cáncer de pulmón a ese nivel,
tendría poco sentido retirar el stent de la aurícula
derecha ya que el pronóstico de paciente sería malo, y
en este caso seríamos más agresivos que la enfermedad.
En este último sentido insistió el servicio de
Oncología.
En este sentido finalmente se definió
realizar una mediastinostomía diagnóstica y dejar por el
momento el stent hasta establecer el diagnóstico y en
este caso, volver a discutir que hacer con el stent.
Personalmente me inclino por no sacar el
stent por los motivos antedichos a lo que agregaría que
el la última tomografía de tórax se observa en la AD el
stent expandido por lo que considero que es poco
probable que migre. En cuanto a que sea un foco
endovascular a la ausencia de la fiebre actualmente,
agregaría que los hemocultivos son al momento negativos.
Es más, creo que sería más riesgoso sacar el stent que
dejarlo aunque por biopsia el diagnóstico sea
mediastinitis esclerosante focal. Sólo consideraría el
retiro del mismo si, con este último diagnóstico, el
paciente vuelve a hacer fiebre y obtenemos repetidamente
hemocultivos positivos.
Este paciente deja como enseñanza los
desafíos a los que los médicos debemos enfrentarnos y a
la necesidad de trabajar en equipo. Debemos tener
presente que no hay que ser más agresivos que la
enfermedad y al mismo tiempo no ir detrás de la
enfermedad y adelantarnos a su evolución.
Agradecemos los aportes del Dr. Pedro
Corvalán de Cirugía Torácica y Vascular, el Dr. Luis
Cardonnet de Terapia Intensiva, el Dr, Martín Najenson
de hemodinamia, del Dr. Oscar Dip y la Dra María
Alejandra Bártoli de Oncología.
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